Escribo y hablo hace años de la calidad, la disparidad y la competencia entre la oferta de formaciones de diferentes casas formativas (desde terciarias a universitarias) y del impacto que esto tiene, primero en el ejercicio y luego en la prosecución de una Ley y su respectiva reglamentación.
Ahora, que haya formaciones terciarias de mala calidad o ciertas titulaciones que no están en condiciones de atender a díadas es absolutamente cierto y lucho contra esto, pero eso no invalida ni niega a la cantidad de puericultoras de campo formadas con sobrada calidad y experiencia. Negar esto no solo es de una soberbia impensada, sino que lo que subyace es un miedo atroz a encontrarse con profesionales que son parte fundante de la puericultura en Argentina. Por ejemplo, países como Colombia y otros de Latinoamérica no tienen ni por asomo el desarrollo de esta disciplina ni tampoco lo tienen desde esta perspectiva. Tienen certificaciones internacionales que son eso. NO SON FORMACIONES. Quienes desempeñan esta tarea son las médicas con una fuerte conciencia de la importancia de esta labor, las que se forman como pueden y, muchas de ellas, tengo la suerte de que vengan a mi espacio.
Cuando se quiere explicar la supremacía de alguna formación basada en la decrepitud de las características del otro, hay que tener cuidado porque todo lo malo que tiene ese otro no tapa todo lo malo que yo poseo. Fundamental agarrar un espejo.
A partir de una publicación que hice hace algunos días, tuve un intercambio con una estudiante de puericultura del ámbito universitario y por el tono usado (no de voz sino conceptual, expresivo y gestual), hice una reflexión pública que trajo muchos intercambios y reflexiones fructíferas. Esto lo opino hace mucho tiempo y ese intercambio no hizo más que confirmarme mis tristes predicciones.
Qué pude ver en los relatos: discriminación a puericultoras que no vienen del ámbito universitario (incluso con formaciones en salud prexistentes en dicho ámbito), malos tratos, descrédito, ignorar directamente a otra profesional, maltrato liso y llano, profesionales de campo que hoy ocupan lugares de "poder" denostando a otras profesionales de campo (incluso con exactamente la misma formación) y un sinfín de acciones de este tipo. Por eso decía que acá no hay Teresas de Calcuta. Lo que Juan dice de Pedro dice más de Juan que de Pedro.
Y ahí viene la pregunta del millón! ¿Cómo describirían a esta práctica? Exactamente: como hegemónica. ¿Y por qué? Bueno, muy simple...o no tan simple, pero intentaré una explicación: ¿En qué se basa la supuesta superioridad? En un conocimiento mayor, dado por la ciencia, por la institución, por tal, por alguien que viene de una dsiciplina hegemónica. Aunque leamos todas exactamente las mismas cosas y algunas de nosotras mucho más! Están en un lugar de poder y lo ejercen reproduciendo las mismas dinámicas de opresión que creen están superando.
Como dijo mi entrañable amigo Carlos Marx “no saben que lo hacen, pero lo hacen”. Esta frase se encuentra en su obra célebre, El Capital, y lo que quiere significar es que el ser humano participa de dinámicas sociales y económicas que opacan la verdadera asimetría/opresión de las relaciones materiales. Es decir que reproducimos esas relaciones asimétricas así no lo queramos porque lo que es asimétrico es el sistema, las condiciones estructurales subyacentes donde se edifica la superestructura.
En las profesiones hegemónicas en salud, es decir, entre aquellas que ocupan el lugar más alto en la pirámide jerárquica o que por su poder simbólico en la sociedad tienen la potestad de definir el sentido ocurre lo mismo que en la dimensión productiva, se reproduce sin más. No hay cuestionamiento ni del propio saber ni de la propia práctica ni del propio lugar de poder. Esto lleva, en general -por supuesto, hay excepciones- a concebir al otro integrante del sistema como alguien prescindible, con menor conocimiento, intrascendente o innecesario. En serio vamos a buscar que nuestra aceptación venga de la mano de una profesional hegemónica? Y que además ya han dado sobradas muestras de que lo que despliegan en el campo es asimétrico?
En esas luchas de poder, las fuerzas en pugna hacen su trabajo y podemos experimentar todas las violencias que pasan lo propios residentes, incluso algunos servicios (porque sabrán que hay servicios “de primera” y servicios “de segunda”; especialidades “de primera” y especialidades “de segunda”) y ni hablar todo el conjunto de disciplinas y administrativos que conforman el sistema que son nadie.
Esto está inscripto, está subyacente, pero marcado a fuego.
¿Entonces por qué es importante que las formaciones estén definidas desde otro lugar? Porque es importante que quien tiene ese verdadero know how y otro rol en la pirámide produzca un conocimiento propio sin que otras disciplinas hegemónicas vengan a contarle a la puericultora de qué se trata. ¿Eso implica hacerlo solas? No, para nada, pero sí implica un cambio total de mando, de sentido, de identidad y de reconocimiento mutuo. Porque cuando la identidad está cooptada por quienes ocupan lugares jerárquicos y por quienes tienen la potestad de oprimir en el sistema, captan a aquellas que vienen del lugar de oprimidas y lo que se conseguirá es que quien fue explotado pase a un lugar de poder y reproduzca esa misma secuencia aun atendiendo en la vulnerabilidad y en el conurbano.
Y basta ver que aun no comenzó la SMLM y ya las Comisiones de sarlanga empiezan sus charlas absurdas lideradas por profesionales sobre las que se menciona su titulación hegemónica. Entonces, o no saben de puericultura o lo que saben de la puericultura lo fueron a estudiar a una casa de estudio con puericultoras de campo. Irónico, no? Perverso, no? Se puede ver el velo o de qué forma hay que decirlo. Omiten la palabra puericultora cada vez que pueden y lo hacen de forma intencional. Es una línea editorial, es una forma de ver el mundo y por eso la práctica que despliegan será hegemónica porque su origen lo es.
¿A través de quienes pensamos que vamos a construir la identidad de la puericultora? Si queremos ser reconocidas como sujetos libres, con voluntad y con valor propio debemos arriesgarlo todo, diría mi otro amigo Hegel. No necesitamos aniquilarnos los unos a los otros, sino que necesitamos reconocer el valor que cada disciplina tiene. Yo no acepto someterme para conservar la vida (en términos hegelianos). Pero aun si lo hiciera y fuera allí para buscar aceptación, el amo igual habrá perdido porque quien lo reconoce es alguien que ha sido sometido y enajenado (te amo siempre Hegel).
Por eso, a mis estudiantes, colegas del campo inmensamente formadas y con bagaje teórico, les digo: vayan a buscar a dónde sea su matrícula porque se la merecen y la tienen que tener (yo, más temprano que tarde, dejaré de ejercer), pero sepan que todo lo que tienen y saben lo hicieron a pico y pala. No confieran ese valor a otro. No esclavicen su identidad. No se sometan, no sean serviles, no agachen la cabeza y mucho menos le hagan hacer eso a otra compañera cuando ustedes sean "reconocidas".
Y siguiendo con Hegel, ¿por qué se maltrata a la puericultora de campo? Por MIEDO. El amo, que se definió a sí mismo como el mejor, ve al esclavo desplegar sus herramientas que descubrió en la experiencia de campo, ve cómo reconoce cosas impensadas, cómo articula con las herramientas que tiene, cómo atiende territorial y basadamente y siente -como es lógico- un temor descomunal.
Ninguna disciplina nace en la universidad. NINGUNA. El punto es cómo cuando una disciplina necesita -porque la puericultura lo necesita imperiosamente- institucionalizarse y sistematizarse lo hace a la luz de la integración y los consensos o elije hacerlo a la sombra del capricho maniqueo de tres o cuatro.
Así que, bajémonos del pony y si realmente queremos construir un lugar profesional para la puericultura en Argentina no va a ser a base de formaciones banales, pero tampoco va a ser desdeñando todo el camino recorrido por cientos de mujeres que hoy nos permiten pensar en esta posibilidad. Será en el reconocimiento mutuo, en la elaboración de adecuaciones dignas y en la deposición de actitudes de soberbia y desdén que lejos de construir una puericultura territorial construyen un sectarismo que dista mucho de estar basadas y, permítanme dudar del ejercicio desplegado, porque quien odia y desprecia mal puede ejercer en la belleza.
Abrazo.
Paula
Método PDA